viernes, 27 de noviembre de 2009

ENSALADA DE REMOLACHA Y FETA


Esta ensalada es para gastrocronistas VIP. Es muy fácil, pero los ingredientes no son muy atractivos para el público general. Aquí les pongo mi versión de la receta original, tomada de The Irish Farmers' Market Cookbook, de Clodagh McKenna. Es una buena manera de comer remolachas (betabeles / betarragas), y es una combinación de sabores inusual.


INGREDIENTES

Para 4 personas

Hojas verdes varias
3 remolachas / betabeles / betarragas grandes, cocid@s y cortad@s en gajos o rodajas
150 g de queso feta, cortado en gajos o desmoronado
10-15 pacanas, picadas

Vinagreta
1/2 cucharadita de mostaza Dijon
3 cucharadas de aceite de oliva extra virgen
1 cucharada de vinagre balsámico


  • Las remolachas usualmente se cocen sin pelar, en agua hirviendo, hasta que al pincharlas se sientan suaves (pero no demasiado, para que conserven cierta textura crujiente). Luego se escurren, se dejan enfriar y se pelan.
  • Una vez frías y peladas, se cortan al gusto y se acomodan en un plato, sobre una cama de lechugas. Se desmorona el queso por encima (el tipo de feta que yo compro se desmorona fácilmente, pero si lo quieren cortado, traten con un cuchillo mojado).
  • Para preparar la vinagreta: mezclar bien todos los ingredientes y echar sobre la ensalada. Las cantidades son sólo para dar una idea. A mí me gusta mucho la mostaza, así que le pongo más. Si quieren diluir un poco la vinagreta, pero sin incrementar los sabores, le pueden poner un chorrito de agua.
  • Finalmente salpicar con las pacanas picadas.


Nota extra:
  • En la receta original no se usa feta, sino queso de cabra suave. La autora del libro sugiere algunos tipos locales: Ardsallagh, St. Ola, o Mine Gabhair. Tampoco usa pacanas, sino nueces normales. Y, por último, le agrega una pizca de azúcar a la vinagreta, pero yo creo que esto es innecesario (ya las remolachas y el balsámico son lo suficientemente dulces).

jueves, 26 de noviembre de 2009

SOPA AMARILLA

La "sopa amarilla" es un término genérico originado en mi casa, con el que se llamaba a cualquier sopa de verduras. La idea era no entrar en detalles y ocultar el contenido de este potingue, de modo que el mañoso de mi hermano pensara que la sopa se hacía no sé de qué, todo menos vegetales...

Aunque ya había dicho en alguna otra crónica que me iba a proponer anotar más recetas caseras, estaba pensando si incluir o no esta sopa. No porque no sea rica, sino porque no le veo mucha ciencia. Sin embargo, Hugo ha insistido en que comparta el secreto familiar, en especial para otras madres de hijos mañosos que necesitan comer verduras pero se resisten.

Está de más decir que todo es al ojo por ciento, que se pueden incluir o eliminar ingredientes a voluntad, y que la idea es hacer una bomba nutricional para compensar por todas las carencias gastronómicas de la semana.


INGREDIENTES

1/2 cebolla grande, cortada en cuadritos
2 dientes de ajo, machacados
Ají dulce, al gusto (3-4), cortado en cuadritos, o si no consiguen...
1/2 pimentón/morrón rojo, en cuadritos
1.5-2 litros de caldo* (puede ser de carne, pollo o vegetales)
1 cubito (depende del caldo que usen, puede ser de pollo, carne o vegetales)
3-4 ramitas de cilantro/culantro
1 kg de calabaza/auyama/zapallo, pelad@, sin semillas y cortado en cuadros
2 zanahorias grandes, peladas y cortadas en cuadros del mismo tamaño que la calabaza
4 papas/patatas pequeñas, peladas y cortadas en cuadros del mismo tamaño que la calabaza

Opcionales:
Crema de leche o crema agria o yogur griego
Sal de ajo
Cilantro, picado
Queso feta, desmoronado


*El caldo

Lo ideal es preparar un caldo de verdad, tanto por cuestiones de sabor como por valor nutricional. Varias ideas:

En la carnicería donde usualmente compro la carne, venden el pollo entero y sale a buen precio. Aunque es un fastidio despiezarlo y limpiarlo, vale la pena porque se aprovecha todo. Con la carcasa o las piezas que no se quieran utilizar para otros platos, se puede hacer un caldo básico:

1.5-2 litros de agua
2 hojas de laurel
1 diente de ajo, pelado
2-3 ramitas de perejil
1/2 ajoporro/puerro, cortado en trozos gruesos (ó 1/2 cebolla cortada en 2-4 gajos)
3-4 pepas de pimienta negra

  • Se echa todo junto en una olla grande (incluyendo el pollo), se lleva a ebullición y luego se baja el fuego a medio-bajo. Se deja cocinar tapado por 30-45 minutos.
  • Se cuela y se deja enfriar el caldo. Una vez frío, se mete en la nevera como por una hora. Después de este tiempo, debería formarse una capa de grasa visible, que se puede eliminar fácilmente con una cuchara (también se puede desgrasar caliente, pero es más difícil). Hay gente que dice que el gusto está en la grasa, pero es mentira... Ya el caldo queda impregnado con el sabor de la carne sin necesidad de taponar las arterias.
  • Si las piezas que usaron tienen bastante carne, esperar que se enfríen y separar con los dedos. Esta carne se puede utilizar más adelante para la sopa amarilla, o para cualquier picadillo (ver, por ejemplo, los pastelitos de Boconó). El resto de las hierbas, el ajoporro, etc., se puede desechar.
  • Mismo procedimiento para hacer caldo de carne: comprar alguna pieza que tenga hueso y echar con el resto de los ingredientes. La carne suele demorar más en cocinar, así que dejar al fuego por 45-60 minutos. En estos días hice un caldo con los restos de una pata de cordero que preparó Hugo. Un sabor delicioso. Con lo que queda de carne, pueden hacer un cubito casero: escurrir bien, meter en la licuadora y volver polvo. Esto se puede meter en bolsitas plásticas en el freezer. Cada vez que preparen una sopa con caldo de carne, echar un poco de este polvito para intensificar el sabor.
  • Una vez desgrasados los caldos, se pueden congelar y usar cuando los necesiten.


Ahora, volviendo a la sopa amarilla:

  • En una olla grande, poner a calentar a fuego medio un poco de aceite (mejor si es de oliva) y sofreír la cebolla, el ajo y el ají o pimentón hasta que la cebolla se ponga transparente (3-4 minutos).
  • Echar el caldo, el cubito triturado (ya sé que habrá quienes piensen que esto es un sacrilegio, pero no me importa. ¡Yo sí uso cubitos! ¿Y qué?). Si ustedes son puristas, ignoren el cubito y salpimienten al gusto. Echar las ramas de cilantro y subir el fuego.
  • Yo usualmente dejo que empiece a hervir el agua antes de echar las verduras, pero es sobre todo para dejar que se disuelva el cubito. Supongo que no pasa nada si se echan las verduras antes.
  • Sobre las verduras:
- Hay que tratar de que estén cortadas más o menos del mismo tamaño para que se cuezan simultáneamente (la papa suele ser la más suave, así que se puede incluir de última o cortar más grande). La idea es que se cocinen lo mínimo indispensable para que estén suaves, pero no demasiado para que retengan su valor nutritivo.

- Hay como un trillón de variedades de calabaza. En Venezuela la llamamos auyama y suele ser carnosa y dulzona. En estas latitudes, aunque sí consigo la tradicional calabaza tipo de Halloween, me gusta más comprar el butternut squash, porque es más pequeño, bien carnoso y más fácil de pelar. Ver aquí para más info: en español o en inglés (con fotos incluidas)

- Obviamente, en lugar de calabaza, zanahorias y papas, se pueden usar muchas otras verduras: en Venezuela el combo ideal es auyama/calabaza/zapallo, apio/arracacha (que no es lo mismo que el apio españa o célery) y ñame/yam. También pueden ponerle calabacín/zucchini, pastinaca/chirivía/parsnip, un tubérculo espantoso llamado celeriac (cuya traducción no he podido encontrar todavía), nabo/turnip, etc.

- Calculo que con unos 15-20 minutos de cocción es suficiente, pero la verdad es que siempre lo sé porque pesco alguna zanahoria y la pincho con un tenedor (si usan otros tubérculos como el apio, puede que la cocción tarde más). Dependiendo del gusto personal, la sopa se puede licuar mucho o poco. Si quieren una textura más sedosa, se puede colar también. Recuerden no licuar cuando la sopa esté muy caliente todavía, o van a tener manchones amarillos en el techo de por vida...

  • Para terminar, una vez licuada la sopa hay que probar y rectificar la sazón. La razón es muy sencilla: aunque ya hayan probado el caldo, recuerden que la calabaza y la zanahoria son dulces, mientras que la papa neutraliza los sabores. En mi casa se toman la sopa dulzona, pero a mí me gusta más salada, así que no la toco sino cuando ya está en mi plato.
  • Otra cosa es la consistencia de la sopa: aquí la hacemos bien cremosa por cuestiones prácticas (para que sea más fácil dársela a los niños), pero si le agregan más caldo (o agua), la pueden diluir más.
  • Antes de servir, hay varias opciones:
- Echar un chorrito de crema de leche, o una cucharada de crema agria o yogur griego en cada plato. Esto le da un toque cremoso buenísimo (aparte, el toque ácido del yogur, crema agria o feta contrasta muy bien con el dulzor de las verduras).
- Espolvorear un poco de sal de ajo. Tip cortesía de Hugo.
- Desmoronar o picar en cuadritos un poco de queso feta.
- Echar un poco de cilantro fresco picado, para un toque más refrescante.

martes, 17 de noviembre de 2009

TACU TACU DE MARISCOS


Seguimos con la fiebre peruana, así que aquí les va otra gastro-maravilla "mostro". Según Tony Custer, en El arte de la cocina peruana:
Tacu tacu es un plato inventado por los esclavos negros que trabajaban en las plantaciones de azúcar y de algodón en la costa del Perú durante la colonia.

Como tal, utiliza los restos de otras comidas, es nutritivo, barato y pesado. Para manos inexpertas como las mías, armar el tacu tacu es toda una proeza, pero aun si se desarma, es tan rico que no importa. En la foto no se ve completo, pero imaginen una empanada en forma de media luna. El primero que hice (el de la foto) se me fracturó un poco por la mitad, pero ya el segundo quedó completo (no hay foto porque Hugo lo destruyó antes de que me diera tiempo de agarrar la cámara).


INGREDIENTES

Para 4 tacu tacus

3 tazas de frijoles (canarios) cocidos
3 tazas de arroz cocido


PARA EL RELLENO


2 tazas de mariscos cocidos mezclados (camarón, calamar, langostino, pulpo...)
3 cebollas rojas picadas finamente
2 tomates grandes, pelados y picados en cuadritos
½ cucharadita orégano
1 cucharada cilantro fresco picado
2 cucharadas de salsa de soya
6 cucharadas aceite (no de oliva)
Ají limo, sin semillas, sin venas y picado finamente*
Sal


Para la "tortilla"

  • El tipo de arroz que se suele utilizar en América Latina es de grano largo. Les recomiendo que no usen parboiled / easy cook para este tipo de platos, porque puede quedar demasiado al dente y la idea es que, junto con los frijoles, sirva de masa pastosa.
  • En cuanto a los frijoles (caraotas, alubias, porotos, fríjoles, frejoles, chícharos, etc.), según la receta, en Perú se suelen usar los llamados "canarios" (hagan click para ver una foto). También se les conoce como "frijol peruano" o "mayocoba". Si viven en EE.UU., la marca Goya los vende como canary beans. Es un frijol pequeño, de color amarillo suave. Supongo que en Venezuela se podría sustituir por caraotas blancas. Al prepararlos, asegúrense de que estén bien suaves y pastosos, para que luego, al mezclarse con el arroz, se forme un puré grumoso.
  • Alternativa: si están cortos de tiempo o son muy flojos, compren frijoles enlatados, pero escúrranlos bien.


Para el relleno
  • En una sartén grande, calentar 3 cucharadas de aceite a fuego medio y saltear la cebolla, tomate, orégano y sal por unos 3 minutos, o hasta que la cebolla esté transparente.
  • Subir el fuego y agregar el cilantro, ají limo y salsa de soya. Cocinar removiendo por un minuto y luego agregar mariscos.
Sobre el ají limo: se parece al ají picante venezolano. Es pequeño y suave; puede ser verde, amarillo o rojo y es bastante picante.
  • Cocinar por 2 minutos y retirar del calor (OJO: NO sobrecocinar los mariscos, o quedan chiclosos). Reservar.


Para hacer el tacu tacu
  • Usar una sartén preferiblemente de teflón para que no pegue la mezcla.
  • Calentar suficiente aceite como para que cubra la base de la sartén. Agregar una pizca de orégano, un cuarto de los frijoles cocidos y un cuarto del arroz cocido.
  • Cocinar a fuego medio, mezclando constantemente por varios minutos.
  • Cuando todo esté bien mezclado, dejar de revolver para que se forme una tortilla gruesa.
  • Cuando la cara inferior de la tortilla empiece a dorarse, esparcir un cuarto del relleno en el centro. Utilizando una cuchara grande o una espátula, doblar suavemente los costados de la tortilla, asegurándose de cubrir todo el relleno. A mí se me hizo más fácil doblando una mitad sobre otra, tipo empanada, pero no sé si esto es una blasfemia en la cocina peruana...
  • Servir en un plato caliente y repetir con el resto de la mezcla.

viernes, 13 de noviembre de 2009

ENSALADA DE BRESAOLA


Esta ensalada es una receta de Jamie at home que él llama "Winter Salad". Es una buena idea para la cena: ligera pero tampoco tanto como para que a la media hora le suenen a uno las tripas.


INGREDIENTES

Mezcla de lechugas varias (puede incluir radicchio, rúgula/rúcula/roqueta, berros, etc.)
Bresaola (para un paquete de ensalada, pueden ser unos 100-150 g)
Huevo (1-2)
1 hinojo mediano
Parmesano, rallado o en hojuelas
Aceite de oliva extra virgen
Jugo de limón (del verde creo que queda más rico)
Sal y pimienta


  • Batir el/los huevo/s, echar un chorrito de agua para diluir un poco, salpimentar al gusto.
  • En una sartén caliente (a fuego medio-alto) que no pegue, hacer omelettes muy finas (en varias tandas, si usan mucho huevo). Una vez listas, cortar en tiras delgadas tipo tagliatelle.
  • Cortar la bresaola en tiritas del mismo ancho.
  • Cortar el hinojo finísimo (con mandolina mejor, si tienen). Jamie sugiere ponerlo por unos segundos en agua helada para que se mantenga crujiente, pero no demasiado tiempo para que no pierda el sabor.
  • Mezclar todo junto con la lechuga, y sazonar con limón, aceite de oliva extra virgen, sal y pimienta.
  • Espolvorear por encima el parmesano en hojuelas o rallado.
  • En la foto pueden ver una variación: no conseguí hinojo, pero le puse aceitunas y queso de cabra en lugar de parmesano.

jueves, 12 de noviembre de 2009

ALBÓNDIGAS PARA DESNUTRIDOS Y MANIÁTICOS

Admítalo. Usted es un mañoso para comer. Escarba la comida y aparta meticulosamente los trocitos de cebolla que tanto lo perturban en el paladar. La presencia del célery le produce arcadas. Todo lo que sea verde es sinónimo de moco. Usted es monocromático: sólo puede comer carne y arroz, pero la presión mediática lo agobia. La voz nasal de la nutricionista del telediario le rebota en la cabeza. "Hay que comer sano". Palabras como "antioxidantes", "dieta balanceada", "vegetales" y "enfermedades coronarias" lo atormentan. Para gente como usted, gastrolector carnívoro y mal alimentado, va esta receta casera de albóndigas a prueba de mañosos.


INGREDIENTES

Salen unas 20-25 albóndigas medianas

1/3 taza bulgur
1/2 kilo carne molida
1 huevo
1/2 cebolla mediana, partida en 2
2 dientes de ajo
Comino, al gusto
Orégano, al gusto
Sal y pimienta, al gusto
1 zanahoria grande, pelada
1 calabacín (
zucchini) grande
3-4 ajíes dulces ó 1/2 pimentón / morrón rojo
2 tallos grandes de célery / apio
1/2 taza de migas de pan (o más)
Aceite de oliva para "freír" las albóndigas



  • Poner el bulgur en un plato hondo y cubrir con agua hirviendo. Dejar reposar por unos 10-15 minutos (o el tiempo que demore preparando el resto de las cosas).
  • Bulgur vs cuscús: no son lo mismo. El cuscús es más pequeño y más suave. El bulgur es el que se usa para el tabule. No sé cómo quedarían las albóndigas con cuscús pero, en todo caso, como la idea de este plato es meterle una bomba proteica al gastrolector, use bulgur, que es más nutritivo incluso que el arroz.
  • En una licuadora o procesadora, poner el huevo, la cebolla (no es mala idea cortarla en gajos, para que se procese más fácilmente), los dientes de ajo (pelados, claro está), el comino (depende del gusto personal, pero calculo que puede ser 1/4 de cucharadita), el orégano (ídem, 1/2 cucharadita), la sal y la pimienta. Licuar bien hasta que se forme una pasta. Si el gastrolector o sus comensales son MUY maniáticos, también se puede agregar en este paso el ají dulce o pimentón. Poner todo en un recipiente grande, junto con la carne y revolver un poco.
  • Sobre el aliño: hacer esta clase de mezclotes para sazonar es un clásico de mi mamá. Ahorra tiempo (en lugar de estar picando la cebolla, machacando el ajo, cortando las hierbas, etc.) y, la verdad, así se impregna mejor la carne sin correr el riesgo de que la sal quede por una parte y las especias por otra.
  • Ají dulce: ya lo he comentado en otras gastrocrónicas, pero para los recién aterrizados, el ají dulce es un ingrediente básico en la cocina venezolana. Es igual a un chile habanero, pero no es picante (aunque también existe el ají picante). Es mucho más perfumado que un pimentón / morrón y tiene un toque ácido leve.
  • Pelar la zanahoria y rallarla finamente (puede ser con la parte del rallo que usan para el queso parmesano, por ejemplo). Rallar también el calabacín, pero dejándole la concha. Si la ralladura bota mucho líquido, se puede poner todo en un colador y exprimir un poco con la parte de atrás de una cuchara (así no hay que usar tantas migas de pan después). Una vez escurrido, pasar al recipiente con la carne aliñada.
  • También lo he comentado antes: el calabacín en Venezuela es mucho más aguado, más parecido al pepino, que el que calabacín que venden en EE.UU. y Europa, que es más compacto, con semillas más pequeñas (por eso se puede rallar fácilmente). Si donde usted vive venden el "calabacín venezolano", trate de comprar los más pequeños y tiernos, y escúrralos bien.
  • Dependiendo del nivel de manía, se puede o no incluir el célery/apio. Si decide hacerlo, deshilar los tallos para que no queden fibrosos los trocitos. Luego picarlo finamente (si el célery está tierno, es decir, verde claro, ni se va a sentir al cocinarse pero le va a dar un gusto rico a las albóndigas). Echar a la carne.
  • Si no se incluyó el pimentón o ají antes, cortarlo en trozos pequeños y agregarlos a la carne ahora.
  • Si el médico le recomendó que incluyera más hierro y calcio en su dieta, agarre un buen puñado de espinaca, pique las hojitas finamente y también métaselas a las albóndigas.
  • Mezclar bien todo, incluyendo el bulgur remojado (lamento informar que la mejor de hacerlo es meterle la mano sin miedo). Si el bulgur no absorbió toda el agua, eliminar el exceso antes de echarlo en la carne.
  • Incorporar las migas de pan. Dependiendo de cuánto líquido tengan las verduras (y la misma carne), se puede necesitar más o menos pan. Si se le pone poco, las albóndigas quedan mucho más suaves, pero hay que compactarlas bien al formarlas y luego tener cuidado al freírlas para que no se desmoronen. Si se le pone mucho pan, pueden llegar a quedar como meteoritos. No abusar.
  • Una vez que se mezclen bien todos los ingredientes, le recomiendo dejar reposar en la nevera un rato (media hora, una hora). De este modo la carne se marina, y el bulgur y las migas terminan de absorber toda la humedad (y luego es más fácil formar las peloticas).
  • OJO: tapar bien el recipiente, si no quiere que la nevera apeste por años...
  • Formar las albóndigas del tamaño de su preferencia. Yo las hago más o menos del tamaño de una pelota de golf y pueden llegar a salir unas 25. Hay gente que las pasa por harina antes de freírlas, pero yo no creo que sea necesario. Esto, en todo caso, le forma una capita crujiente.
  • Si usa una buena sartén o caldero de teflón, no hace falta poner más que un chorrito de aceite (de oliva, mucho más sano). No es necesario sumergir las albóndigas en 10 cm de aceite... A fuego medio alto, dorar bien todos los lados (dos minutos por lado es suficiente). Claro, he aquí una pregunta filosófica: ¿cuáles son los "lados" de una albóndiga? Pero bueno, usted me entiende. Selle la albóndiga lo más posible por todas partes. Recomiendo hacerlo por tandas, para que sea más fácil voltearlas. Una vez que estén todas selladas, devolverlas a la sartén, tapar y dejar cocinar solas o con salsa de tomate (ver receta abajo) por unos 45 minutos a fuego bajo, removiendo una o dos veces.


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Esta salsa se puede hacer aparte, mientras las albóndigas se están sofriendo (y luego incorporar en el último paso), o se puede cocer junto con las albóndigas. Todo depende de cómo le guste el sabor de la salsa: si se deja poco tiempo, el tomate es más fuerte, un poco más ácido, y las cebollas se notan más (tanto en sabor como en textura). Si se comienza a cocinar previamente, el tomate agarra un sabor más dulzón y la cebolla se suaviza. Doy las dos opciones:



SALSA DE TOMATE


2 latas (de 400 g c/u) de tomate (mejor si ya viene picado)
1 cebolla mediana
1-2 dientes de ajo
Orégano, al gusto
1 cubito de carne
Sal y pimienta, al gusto
1/2 taza de vino tinto (si tiene alguna botella abierta)
Una pizca de azúcar, si el tomate está muy ácido


  • Si se va a comenzar a cocinar aparte, cortar la cebolla en trozos pequeños y machacar el ajo. Sofreír la cebolla en un poco de aceite de oliva por 2-3 minutos a fuego medio, removiendo constantemente para que no se queme, y luego añadir el ajo. Saltear por un minuto más y agregar el tomate (si viene entero, le recomiendo que lo pique un poco antes).
  • Condimentar al gusto con orégano, sal y pimienta. Yo usualmente trituro un cubito de carne y se lo echo también (pero le pongo muy poca sal). También se pueden usar otras hierbas, en lugar de orégano: albahaca (mejor si está fresca), mejorana, perejil...
  • Ponerle un chorrito de vino tinto (como aquí en Irlanda el tomate en lata suele ser muy dulzón, no me importa que el vino esté un poco avinagrado). Probar y rectificar la sazón. A veces el tomate está muy ácido y hay que ponerle una pizca de azúcar para neutralizar un poco.
  • Revolver bien, tapar y cocinar por unos 20-30 minutos a fuego medio-bajo. Luego pasar a la olla de las albóndigas y terminar de cocer ahí.


  • Si le da flojera ensuciar otra olla y no le molesta el sabor a tomate un poco más fuerte, entonces seguir los mismos pasos de arriba, pero le sugiero que condimente y mezcle todo bien antes de echar la salsa a las albóndigas, para que sea más fácil revolver. Otra opción, si no quiere sentir los trozos de cebolla, es licuar todo antes de cocinar.

Sugerencia para servir: con pasta, arroz blanco o cuscús.



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Si el gastrolector está harto de comer albóndigas con salsa de tomate, aquí hay otra opción. Seguramente debe tener algún nombre exótico que ignoro, pero básicamente es la misma salsa que le ponen a los shawarmas. Aquí va mi versión, todo al ojo (vaya poniendo todo de a poquito, probando y ajustando al gusto).


SALSA ESTILO MEDITERRÁNEO

2 tazas de yogur griego (o algún yogur bien cremoso)
1-2 cucharadas de tahini
Chorrito de limón (del verde)
±1 ajo, machacado (o en polvo)
1 pizca de comino en polvo
Sal, al gusto


No tiene mucha ciencia: mezclar todos los ingredientes y listo. Algunos comentarios:

  • El tahini es una pasta hecha de semillas de sésamo/ajonjolí que se usa en la cocina del Medio Oriente. Tiene un sabor difícil de describir (bueno, todos los sabores son difíciles de describir...) pero, en pocas palabras, tiene un regusto amargo y dulzón, como el que queda en la boca después de comer nueces. Se consigue, obviamente, en tiendas árabes. Si logra comprar un frasco, tenga cuidado al usarlo: algunos son más fuertes que otros y si le pone mucho, le mata el sabor a los demás ingredientes. Se usa también, por ejemplo, en el babaganoush (la pasta de berenjenas que tanto se come en la cocina griega).
  • Si el tahini viene muy pastoso, hay que revolver bastante para que no queden grumos en la salsa.
  • Como ya el tahini es aceitoso, yo no le pongo más nada, pero puede echarle un chorrito de aceite de oliva también.
  • El limón le da un gusto rico, refrescante, pero si ya el yogur está muy ácido, no le ponga demasiado.
  • Como el yogur es un sabor delicado, todo lo que ponga en exceso en esta salsa le puede matar el sabor a los demás ingredientes, así que vaya probando al poner el ajo y el comino también.
  • Esta salsa se puede servir fría. De hecho, no creo que quede muy bien caliente.

Sugerencia para servir: abrir unas pitas por la mitad, rellenarlas de lechuga en tiritas, un par de albóndigas tibias y salsa de yogur. ¡Alucinante!

miércoles, 11 de noviembre de 2009

COQUITOS DE MARÍA LUISA



Si a usted le gusta el coco, éste es el postre a preparar. Si usted es un detractor del coco, arriésguese, no sea cobarde. Se llevará una grata sorpresa. Esta receta, robada a mi cuñada, es sencilla y deliciosa.


INGREDIENTES

Para unos 40 coquitos


2 yemas de huevo
1 lata de leche condensada
1 pizca de sal

1 cucharadita de esencia de vainilla
3 tazas de coco rallado (*ver nota abajo)


  • Mezclar los ingredientes en un bol (recomiendo empezar por batir las yemas de huevo y luego incorporar la leche condensada, sal, vainilla y, por último, el coco).
  • Engrasar una bandeja para hornear y formar conitos con una manga dejando 3 cm de separación entre ellos. La manga que tenemos en casa es pequeña y de pico muy fino, así que no nos funcionó, pero hicimos las peloticas con una cucharita y le dimos forma con los dedos humedecidos (así la mezcla no se pega).
  • Dejar reposar 15 minutos.
  • Precalentar el horno a 325º F / 160º C.
  • Hornear por 15 minutos, hasta que se doren.


Notas extra:

  • La receta original pide 8 tazas de coco rallado*, pero yo creo que con 3 es más que suficiente. Aquí conseguí coco seco, rallado grueso, y supongo que eso influyó en la cantidad. Si consiguen coco fresco, o rallado muy fino, tal vez sí necesiten más cantidad
  • Mientras más aguada la mezcla, más chiclosos quedan por dentro (que no necesariamente es algo negativo, ojo). Si la mezcla es más dura, los coquitos quedan más secos y son más fáciles de moldear. María Luisa sugiere que si la mezcla está muy aguada y no se puede poner en la badeja de hornear porque se desparrama, es mejor formar los coquitos en papelitos individuales (tipo de bombón).

    martes, 10 de noviembre de 2009

    HELADO DE GIANDUIA


    Tengo tiempo evitando montar recetas de helado. Es un círculo viciosísimo... Mientras más recetas publico, más busco, más me entusiasmo, más invento y más como. Aunque todos conocemos las propiedades curativas del helado, éste es uno de esos placeres que hay que moderar a toda costa. Mi querido marido, a sabiendas de/a pesar de mi adicción y de mi nula fuerza de voluntad, me regaló de cumpleaños una máquina Cuisinart para hacer helados. Todavía no sé si agradecerle u odiarlo.

    En fin... Aquí les copio una gastrojoya, tomada de Epicurious y traducida tal cual, con algunas notas extra.



    INGREDIENTES

    Un litro, aproximadamente

    2 tazas (225 g / 8 onzas) de avellanas tostadas, sin piel (dejar enfriar, si se tuestan en casa)
    3/4 taza de azúcar
    1/8 cucharadita de sal
    4 1/2 tazas de leche entera
    3 cucharadas de maicena / fécula de maíz
    115 g / 4 onzas de chocolate (no más de 60% de cacao), picado finamente


    • Licuar las avellanas con el azúcar y la sal en una licuadora o procesadora hasta formar un polvo fino. Pasar a una olla mediana con la leche y llevar a un hervor suave, revolviendo ocasionalmente. Una vez que comience a hervir, remover del fuego y deje remojar, cubierto, por 20 minutos (este paso es importante para que la leche se impregne del sabor de las avellanas).
    • Colar la mezcla (usando un colador fino) y regresar el líquido a la olla ya limpia. Desechar lo que queda en el colador (pero si le da dolor botar esto, ver nota abajo).
    • Poner 1/4 taza de la leche en un recipiente pequeño y agregar la maicena. Mezclar bien, asegurándose de deshacer todos los grumos.
    • Una vez disuelta la maicena, echar la mezcla en la olla con el resto de la leche y hervir a fuego medio por 2 minutos, revolviendo constantemente hasta que espese. Quitar del fuego y añadir el chocolate, revolviendo hasta que se derrita e incorpore por completo. Dejar enfriar en la nevera, revolviendo de vez en cuando, hasta que la mezcle esté bien fría (esto puede demorar hasta 6 horas, dependiendo de su nevera).
    • Si tiene máquina de helados, siga las instrucciones (45-60 minutos) y listo. Para que el helado termine de endurecerse, si no le gusta tan suave, páselo a un recipiente y déjelo en el congelador por un rato.
    • Si no tienen máquina de helados, poner la mezcla en un recipiente y meterlo en el congelador. Cada media hora ó 45 minutos, sacar el recipiente y, usando un tenedor, ir raspando y revolviendo la crema, para romper los cristales de hielo que se vayan formando. Al cabo de varias horas, la mezcla debería ir espesando, sin petrificarse.


    Notas extra:

    • Sobre las avellanas: usualmente se pueden conseguir ya tostadas y sin piel, pero si las consiguen enteras, basta con precalentar el horno a 350º F / 180º C, poner las avellanas en una bandeja para hornear, en una sola capa, y cocer por 10-15 minutos, o hasta que se doren ligeramente y le salgan ampollas a la piel. Sacar del horno y envolverlas en un pañito de cocina, dejar sudar por uno o dos minutos. En este punto debería ser fácil quitarles la piel con los dedos. Dejar enfriar por completo antes de licuar.
    • Sobre el chocolate: no usar de más de 60% de cacao. Si es más oscuro, le mata el sabor a las avellanas.
    • Sobre la maicena: la maicena se disuelve mejor si el líquido está frío; de todos modos, si quedan muchos grumos, les recomiendo que usen la licuadora. Es horrible comer el helado y encontrar peloticas pastosas.
    • Residuos de avellana: si usted odia botar comida, o si tuvo la desgracia de probar lo que sobró de este potingue, se dará cuenta de que es una verdadera lástima desechar este residuo. Leyendo los reviews de la página de donde saqué la receta, vi que algunos no lo descartaron y se lo pusieron al helado de todos modos. Yo creo que lo rico de este helado es la textura sedosa que tiene, pero se puede hacer el siguiente experimento: extender todo el residuo en una bandeja, meterla al horno y hornear hasta que esté crujiente, luego esparcir sobre el helado ya listo. O, mejor todavía, hacer unas galletas de mantequilla usando esta pasta (prometo montar la receta pronto). ¿Alguna otra sugerencia?

    POLLO A LA MOSTAZA


    A pesar de que en casa lo comemos mucho, he puesto muy pocas recetas de pollo, así que aquí les va una facilísima que hacemos con frecuencia. Es tomada de Cook's Library: Baking (Parragon Publishing).


    INGREDIENTES

    Para 4 personas

    8 piezas pequeñas de pollo (aprox. 115 g cada una)

    2-4 cucharadas de mantequilla derretida
    4 cucharadas de mostaza
    2 cucharadas de jugo de limón
    1 cucharada de azúcar morena
    1 cucharadita de páprika
    3 cucharadas de semillas de amapola
    Sal y pimienta, al gusto


    • Precalentar el horno a 400º F / 200º.
    • Arreglar las piezas de pollo en una bandeja para hornear, en una sola capa.
    • Mezclar la mantequilla derretida, mostaza, jugo de limón, azúcar y páprika en un bol pequeño, salpimentar al gusto. Con una brocha de cocina, untar el pollo con la mitad de la mezcla y hornear por 15 minutos.
    • Sacar la bandeja del horno, voltear las piazas de pollo con cuidado. Cubrir la superficie del pollo con lo que queda de la salsa y salpicar con las semillas de amapola. Regresar al horno y cocer por 15 minutos más. ¡Eso es todo!


    Comentarios:

    • Este plato puede variar de dulzón a picantoso. Todo depende del sabor de la mostaza que utilicen. En el libro dicen que la mostaza con la que usualmente se cocina es la Dijon, por tener un sabor suave. La mostaza inglesa, por ejemplo, es mucho más fuerte. Como aquí nos gusta el picante, yo le pongo inglesa y bastante páprika, pero si prefieren un plato gustoso pero más suave, incrementen la cantidad de azúcar.
    • En la foto, por ejemplo, se puede ver que utilicé mostaza de grano entero.
    • La receta original pide 4 cucharadas de mantequilla, pero se puede usar sólo la mitad. La salsa alcanza perfectamente y así queda un poco más sano.
    • ¿Qué tipo de pieza de pollo utilizar? Cualquiera, en teoría. Si usted es flojo como yo, las pechugas quedan de maravilla. Supongo que si se usan piezas muy grandes, hay que incrementar un poco el tiempo de cocción (la regla, para saber si el pollo está hecho, es que los jugos salgan claros, y que la piel ya no esté rosada).
    • En una nota estético-maniática, yo comienzo por cocer el pollo por la parte "de abajo" (la que se ve menos lisa y bonita), de modo que al final queden las semillas de amapola por la parte lisa y se vea mejor al servirlo.
    • La primera vez que hice esta receta, me pareció que había demasiado líquido y boté la mayoría del jugo después de los primeros 15 minutos de cocción. ¡Craso error! El pollo quedó muy seco. Hay que dejarle el juguito para que quede suave y tierno.
    • Un acompañante rico para este plato: puré de papas.
    • Sobre las semillas de amapola: honestamente, no sé qué beneficio ofrezcan las semillas en cuanto a sabor pero, al menos desde el punto de vista de presentación, quedan preciosas sobre el pollo. Supongo que se usan para fines decorativos y porque le dan un toque crujiente a la comida.

    domingo, 8 de noviembre de 2009

    CACHITOS DE JAMÓN


    Al exiliado venezolano le hacen falta muchas cosas: su familia, la playa y el buen clima, el Ávila (si es caraqueño), la fiesta por cualquier motivo, la tranquilidad de infringir una que otra ley sin miedo a la multa, la gasolina barata... Pero, sin duda alguna, lo que más falta le hace, más aun que su propia madre, es el cachito de jamón.

    Desconozco su origen. Presumo que fue la creación de algún genio portugués en algún punto del temprano siglo XX. Para los gastrolectores no venezolanos, un poco de contexto: a finales del XIX y durante la primera mitad del siglo XX, hubo varias oleadas migratorias provenientes de Europa, principalmente de España, Portugal e Italia. En Venezuela, los portugueses, entre otras cosas, se dedicaron a abrir panaderías y mezclaron los sabores locales con los de su tierra. El resultado es maravilloso, aunque poco conocido en el exterior. La panadería y repostería venezolanas no tienen igual (y lo digo con conocimiento de causa, después de haber viajado un montón por países que se precian de tener buena cocina).


    En fin, que de ahí salió el cachito de jamón: una especie de pan endulzado (pero que no llega a ser completamente dulce) que se enrolla en torno a un picadillo de jamón (y no llega a ser croissant). Lo cierto es que el aroma dulzón del cachito evoca mañanas de cielo azul, de montaña limpia, de día por empezar. Si el gastrolector se anima a hacerlos, desayune varios con una buena taza de café con leche e imagine tiempos mejores para un país que poco a poco se va convirtiendo en una referencia remota para esta exiliada.
    INGREDIENTES

    Salen 32 cachitos

    1 cucharada levadura en polvo (yo uso un sobre de 7 g y es suficiente)
    ½ taza azúcar
    1 cucharadita sal
    ½ taza mantequilla derretida o aceite vegetal (NO de oliva)
    3/4 taza de leche
    4 1/2-5 tazas de harina todo uso (más extra para amasar y estirar)
    2 huevos, ligeramente batidos
    800 g jamón en lonjas finas, cortado en tiritas
    1 huevo batido para pintar (o mantequilla derretida o leche con azúcar)
    1-2 cucharadas de papelón rallado (o derretido)

    • Para activar la levadura, se espolvorea y se disuelve en un ¼ taza de agua tibia con un poco del azúcar (una cucharada) por 10-15 minutos. El agua tiene que estar caliente, pero no hirviendo porque mata la levadura. La levadura se activa si le sale espuma y parece que creciera.
    • En un recipiente grande mezclar la leche con el resto del azúcar, la mantequilla derretida (pero no muy caliente para que no se cocinen los huevos), la sal y los dos huevos previamente batidos. Incorporar la levadura una vez que levante, e ir agregando la harina taza por taza, revolviendo bien (en especial las primeras dos tazas) para que no queden grumos. 

    • Cuando esté incorporada toda la harina, amasar vigorosamente por unos 8-10 minutos, hasta que la masa esté suave y elástica y no se pegue de los dedos. Tal vez se necesite ir agregando más de harina (pero hacerlo poco a poco, de modo que la masa no quede demasiado seca). 
      • La cantidad de harina depende de varios factores: a veces es muy fina y absorbe más líquido, otras veces los huevos son demasiado grandes y le añaden más humedad al asunto. Si, por el contrario, notan que la masa está muy seca, le pueden agregar un poco más de leche.
    • Una vez amasada, poner la masa en un recipiente grande tapado con un trapo húmedo y guardar en un sitio tibio (puede ser en el mismo horno apagado, o cerca del radiador de la calefacción si viven en latitudes ingratas). El recipiente tiene que ser grande porque la masa va a duplicar su tamaño, y el sitio tiene que ser tibio para que la levadura se active y crezca. Esperar por unas dos horas (sí, parece una eternidad, pero vale la pena). Si la masa no ha crecido en este tiempo, es porque la levadura estaba mala.

    • Cuando crezca la masa, enharinar ligeramente la superficie de trabajo, poner la masa y sacarle el aire por completo aprentando con las punta de los dedos o usando los nudillos. Hacer un disco plano y dividir (con cuchillo) en cuatro porciones iguales. 

    • Trabajar con una porción a la vez.  Enharinar el rodillo e ir estirando hasta hacer un círculo de unos 25-30 cm de diámetro (el grosor depende del gusto personal: si a usted le gustan esos cachitos medio transparentes y grandes, entonces estire bien la masa; por el contrario, si usted es de esos que disfrutan del gusto dulzón de la masita, con un toque moderado de jamón, entonces déjela más gruesa). Una vez que esté bien estirada la masa, dividir en 8 porciones (tipo una pizza). Cada triángulo es un cachito. Usualmente hay que estirar un poco más cada triangulito por separado, para que el cachito quede de buen tamaño. 

    • Poner el jamón (al gusto) en la base del triángulo (suponiendo que es un triángulo isósceles) y enrollar hacia el vértice. Dos trucos para que el jamón no se desparrame: uno, antes de comenzar a enrollar, doblar los bordes como haciendo un bolsillo alrededor del jamón y enrollar hasta el final; y dos, al colocar los cachitos sobre la bandeja (previamente engrasada), poner el piquito hacia abajo. Dejar espacio entre cada cachito, porque crecen considerablemente.
      • Los primeros cachitos salen horribles (es un hecho científico), pero ya los siguientes se van pareciendo más a los de la panadería.
    • Una vez en la bandeja, pintar cada cachito con huevo batido usando una brocha de repostería (o los dedos, para qué engañarnos), poner en un sitio tibio y dejar reposar por una hora (otra eternidad más, pero insisto: vale la pena). Hay gente que los pinta con mantequilla derretida o con una mezcla de leche con azúcar. La idea de pintarlos es que la masa no se agriete mientras crece, y que se dore al hornear.  
      • Update: Una lectora nos sugirió hacer una mezcla de huevo con papelón derretido (1-2 cucharadas de papelón rallado, mezclado directamente con el huevo, o disuelto en 1 cucharada de agua tibia). ¡Altamente recomendado! Ahora siempre los barnizamos con esa mezcla y no se imaginan la delicia. ¡Gracias, Veruska! 
      • Otra cosa, descubrí que es mejor barnizarlos dos veces: una, antes de dejarlos reposar, y otra justo antes de hornearlos. Se doran mejor así.
    • Pasada la hora, precalentar el horno a 350º F / 175º C y hornear por 15 minutos (hasta que se vean doraditos).

    Variaciones no ortodoxas:
    • Hay gente que usa de relleno una mezcla de jamón con tocineta picada (yo no haría un 50-50, porque creo que quedaría muy grasoso y repugnante de sabor).
    • Hay gente que les pone un toque de diablito (jamón endiablado) junto con el jamón (lo he hecho y les da un sabor a panadería buenísimo, pero ojo: no usar demasiado diablito).
    • También se les puede poner un poco de queso, por ejemplo un cheddar o edam suave rallado. O se puede usar jamón de pavo.



    Notas extras:
    • Si 32 cachitos son demasiados, esta masa se puede congelar perfectamente. Una vez que le saquen el aire, la meten en una bolsa de plástico, la cierran bien y listo (yo le echo un chorrito de aceite a la bolsa para que luego al descongelar no se pegue). Cuando la saquen a descongelar, recuerden abrir la bolsa porque la masa va a crecer otra vez.
    • Por cierto, esta receta es una mezcla de varias que saqué de Internet, junto con la del pan de jamón navideño de mis padres, y ajustada según ensayo y error. Si tienen algún comentario con respecto a cantidades o método, con gusto lo incorporaré aquí.


    Vean a un verdadero profesional amasando, armando y barnizando los cachitos:








    TAMALES REGIOS


    Sigo enamorada de mi nuevo libro de cocina mexicana: Authentic Mexican, de Rick Bayless. La primera impresión de mis amigos mexicanos fue reírse del libro. ¿Qué tan auténtico puede ser si un gringo es el autor? Bueno, esta receta de tamales estilo Nuevo León se ganó la aprobación colectiva de todos los comensales (y conste que en su mayoría eran del norte de México). Aquí les va. Parece larga y complicada, pero es engañosamente fácil. Espero que las fotos ayuden.


    INGREDIENTES

    Aprox. 25 tamales pequeños ó 16 grandes

    El relleno
    350 g carne de cerdo sin hueso (aquí uso pork shoulder), sin grasa y cortada en cubos pequeños (de aproximadamente 1,5 cm)
    4 tazas de agua
    1 cucharadita sal

    3 chiles anchos grandes, sin tallo, venas ni semillas
    2 chiles cascabel, sin tallo, venas ni semillas
    1/8 cdta semillas de pimienta negra (ó 1/4 cdta molida)
    1/4 cdta semillas de comino (o misma cantidad ya molido)
    1 diente de ajo grande, pelado
    1 cda manteca o aceite vegetal
    1 cdta azúcar
    1/4 cdta sal para la salsa terminada

    1/4 taza de aceitunas verdes, sin semilla y lajeadas (opcional)
    2 cdas pasas (opcional)


    La masa
    115 g manteca vegetal
    1 3/4 tazas Maseca
    1 taza +2 cdas caldo de la carne
    1 cdta polvo hornear
    1/2 cdta sal


    El tamal en sí
    115 g (4 onzas) hojas de maíz/elote/choclo (unas 6 mazorcas de maíz)


    Para hacer la carne
    • Poner 4 tazas de agua en una olla mediana. Llevar a un hervor y añadir el cerdo y la sal. Con una cuchara o espumadera, quitar la espuma gris que salga en los primeros minutos de cocción, cubrir parcialmente y hervir a fuego medio por unos 40 minutos, hasta que la carne esté tierna.
    • Escurrir la carne y reservar el caldo (que se usará más adelante para la masa).
    • Partir los chiles por la mitad o en tiras largas, desvenarlos y sacarles las semillas (usar guantes si son muy sensibles al picante, o si usan lentes de contacto). En una sartén bien caliente (a fuego medio), ir echando las tiras de chile (pocas a la vez) y tostarlas aplastándolas con una espátula hasta que le salgan "ampollas", cambien a un tono más oscuro y se quiebren fácilmente (pero no quemar, porque les sale un gusto muy amargo). Poner los chiles tostados en un bol y cubrir con agua hirviendo. Dejar sumergidos por 20 minutos (si los chiles flotan, ponerles algo que haga peso para que se mantengan bajo el agua). Este paso de tostar los chiles es vital para hacer la mayoría de las salsas mexicanas. Les recomiendo abrir ventanas y no dejar niños cerca de la cocina, porque el chile bota unos vapores que dan picazón en la garganta.
    • Antes de usar el caldo de la carne, siempre es buena idea desgrasarlo. La manera más fácil es meterlo en la nevera, dejar que la grasa se solidifique arriba y luego removerla con una cuchara. Esto se puede hacer mientras se están tostando los chiles.
    • Escurrir los chiles y ponerlos en la licuadora (o procesadora, como la llamen).
    • Medir las especias y ponerlas en un mortero y pulverizarlas (si están usando las semillas enteras). Echar el polvo en la licuadora junto con el ajo y 3/4 taza de caldo. Licuar bien hasta que se forme una pasta suave y colar en un colador de huecos medianos (si es muy fino, se pierde demasiada pasta).
    • Calentar la manteca o el aceite en una olla mediana a fuego medio-alto. Cuando esté bien caliente, echar la pasta de chile y saltear, removiendo constantemente, por unos 4 ó 5 minutos, hasta que espese. Añadir 3/4 taza de caldo más, reducir el fuego a medio-bajo, cubrir y dejar cocer por unos 15 minutos, revolviendo ocasionalmente. Finalmente, sazonar con 1/4 de cucharadita de sal y una cucharadita de azúcar. Debería dar más o menos una taza de salsa.
    OJO: ¡usar delantal! Esta salsa mancha.
    • Mientras la salsa se cocina, desmenuzar la carne en trozos gruesos (no tienen que ser perfectamente simétricos). Apartar 1/4 taza de la salsa y dejar enfriar (será usada más tarde ern la preparación de la masa). El resto de la salsa se mezcla con la carne y las pasas y aceitunas (si deciden ponerlas). Dejar enfriar un poco antes de armar los tamales.


    Para hacer la masa de los tamales

    • Si la manteca está muy suave, refrigerarla un poco para que se ponga firme. Luego, con una batidora eléctrica, batir hasta que esté bien suave y ligera (más o menos por uno o dos minutos). Añadir el cuarto de taza de salsa (enfriado) y mezclar bien.
    • Ir agregando poco a poco la taza y 3/4 de Maseca, alternando con una taza más 2 cucharadas del caldo de la carne. Ir batiendo bien, de modo que no queden grumos. Finalmente, espolvorear la cucharadita de polvo de hornear y la sal, y batir por un minuto más. La masa debe quedar con la consistencia una masa para torta. Rick Bayless dice que para saber si la masa está lista, echar una bolita en una tasa de agua fría: si flota, está lista; si se hunde, necesita batirse un poco más.
    • Si se usan los ingredientes a temperatura ambiente, la masa va a estar más suave y manejable, y los tamales salen más tiernos y no tan pesados.


    Para armar los tamales

    • Si compran las hojas ya secas, lavarlas y hervirlas en una olla grande tapada por 10 minutos. Retirar del fuego, poner algún peso para que las hojas se mantengan sumergidas y dejarlas por par de horas hasta que se puedan plegar con facilidad.
    • Como aquí no venden las hojas en paquete, compré 6-8 mazorcas frescas, les quité con cuidado las hojas, las lavé y las escurrí (y como no están secas, no hace falta el paso previo de hervirlas para suavizarlas). Con el maíz fresco, hice un pastel de acompañamiento que quedó mundial (ver receta aquí).
    • Escoger las hojas más grandes para los tamales (según Bayless, deberían ser de 15 x 18 cm, pero como usé hojas frescas, más pegadas al maíz, eran mucho más pequeñas, así que en lugar de hacer 16 tamales, como sugiere la receta original, salieron unos 25 pequeños) y dejar el resto para poner de base en la vaporera. Seguramente van a encontrar tiras demasiado finas, o pedazos de hoja que son gruesos como una cuerda; reserven esos para hacerles el nudo.
    • Antes de empezar a armar los tamales, secar las hojas con un paño de cocina.
    • Una alternativa es envolver los tamales en hojas de cambur/banana. Pero esa es otra historia... Cuando los prepare, haré el update pertinente.
    • Para cocinar los tamales, se necesita una olla vaporera. La que yo tengo es una olla grande de dos piezas: una base normal, y una especie de colador que le calza encima y que no toca la base, de modo que el agua no entre en contacto con la comida que se le ponga encima. A esta pieza hay que ponerle una base con las hojas de maíz pequeñas que no se vayan a usar (y dejar algunas extra para poner por arriba, una vez que se acomoden todos los tamales en la olla). Se llena la olla de abajo con unos 4 ó 5 dedos de agua, pero si a mitad de la cocción notan que se está acabando el agua, se puede echar más (pero que ya esté hirviendo, de modo que no se modifique la temperatura de la cocción).
    • Si no tienen vaporera, se puede improvisar en el horno, poniendo los tamales en una fuente en la rejilla de arriba, y otra fuente con agua en la de abajo (a 180º C / 350º F). Este fue un tip que nos dio una chef mexicana.
    • Si consiguen las hojas grandes, seleccionar las 16 más grandes. Para cada una, se usan aproximadamente tres cucharadas de masa y una y media de carne. Para los tamales pequeños, calculo que es sólo una cucharada y media de masa y una cucharadita de carne, pero depende.
    • Para armar los tamales, sostener la hoja (que tiende a enrollarse en sí misma si es fresca) con una mano, y con la otra poner la masa y "untarla" con la parte de atrás de la cuchara en la mitad ancha de la hoja, pero dejando un borde de unos dos centímetros arriba, y el resto libre abajo.


    • En la mitad de la masa, poner un poco de carne (si usan pasas y aceitunas, asegúrense de que cada tamal tenga unas cuantas).




    Para cerrar los tamales, doblar cada lado...








    ...de modo que la masa envuelva la carne.












    Finalmente, plegar la parte de abajo hacia arriba...








    ...y amarrar los tamales con las cuerditas.











    Así quedan:


    Troubleshooting

    • Si usan una hoja demasiado delgada que no llega a cubrir el tamal una vez doblado, no pasa nada: simplemente escojan otra hoja delgada, pónganla encima y doblen el tamal como si nada.

    Para cocer los tamales

    • Una vez que se pone la base de hojas en la vaporera, acomodar los tamales con el doblez hacia abajo (tratando de que queden lo más parados posible). No importa que el tamal esté parcialmente destapado por arriba (no se va a mojar ni va a quedar aguado).
    • Si les sobra espacio, cubrir los tamales con algunas hojas extra de maíz, poner la tapa y cocinar al vapor por 1 a 1 1/2 horas, hasta que la masa se despegue de los tamales.


    Notas extra:
    • Los tamales se congelan bien. Después de descongelar, basta con recalentarlos en la vaporera o en el microondas dentro de una bolsa plástica.
    • Si no consiguen chiles anchos, se pueden usar chiles California o New Mexico.
    • Sobre la Maseca: para los lectores venezolanos y colombianos, aunque nunca lo he hecho, supongo que estos tamales se pueden preparar usando harina para arepas pero tal vez haya que agregar más o menos líquido, porque la Maseca es mucho más fina que la Harina Pan. Para los lectores que viven en EE.UU. o Europa, la Maseca (que es la harina de maíz que los mexicanos usan para sus tortillas) se puede conseguir en cualquier mercado grande (apuesto que en Publix la venden como Coca-Cola) o en tiendas latinas. Aquí en Dublín se consigue en www.almacenlatino.com.


    * * * * * * * * * *


    Una vez que terminen de preparar los tamales, no pueden dejar de hacer esta salsita para acompañarlos, receta milenaria de mi querida Chapis. La copio casi textualmente, ¡y con permiso de su autora!


    SALSA DE ADALIA PARA TAMALES REGIOS

    Ingredientes


    5 tomates*
    3 chiles frescos* (no importa que sean rojos o verdes)
    1 cebolla en rajas
    1 lata de elote/maíz pequeña
    500 ml de crema de leche (double cream)
    1 lata de chile poblano, escurridos
    Knorr suiza y sal (Knorr suiza es cubito de pollo, pero en polvo), al gusto


    * La cantidad de chiles depende de qué tan picante quieran la salsa. Adalia usó los que aquí llaman Thai peppers y 5 tomates porque aquí son más pequeños que en México.
    • Se sofríen los chiles y los tomates en un sartén hasta que se pongan bien quemaditos los chiles y los tomates estén medio cocidos. Se sacan y se licúan, pero que no queden hechos puré los tomates. Se apartan.
    • En el mismo sartén donde se tostaron los tomates, se pone aceite y se fríe la cebolla, hasta que esté suave y dorada. Se le agrega la salsa de tomate y chile y se deja hasta que el tomate se cocine.
    • Se le agrega la lata de elote/maíz, la crema de leche y, por último, los chiles poblanos cortados en rajas. Se le agrega el Knorr y la sal al gusto (si al probarla le falta sal, es mejor ponerle más Knorr).
    • Se sirve caliente.

    Y como acompañamiento, vean aquí esta receta del Pastel de elote/maíz de Ale. ¡Buen provecho!

    PASTEL DE MAÍZ/ELOTE DE ALE


    Esta receta es un híbrido entre el pastel de maíz/elote/choclo de mi suegra y el pastel de calabacín/zucchini de mi amiga mexicana Ale. Buenísimo. El contraste dulce-salado-picante es delicioso.


    INGREDIENTES

    Para unas 9 porciones

    4 mazorcas de maíz/elote/choclo, desgranadas ó 2 latas de crema de maíz* (aprox. 500 g)
    1/2 taza crema de leche (o leche, si lo quieren hacer un poco más sano)
    1/4 taza mantequilla
    1/2 taza azúcar
    2 huevos
    1 taza harina
    1 1/2 cdta polvo de hornear
    1 taza queso fresco rallado (blanco, jack, chihuahua, o una mezcla cheddar-mozzarella)
    Rodajitas de ají/chile tipo poblano, al gusto (opcional)


    • Sobre la mazorca de maíz: debe estar fresca, no precocida ni congelada. Para desgranarla, basta con pasarle un cuchillo al ras (no demasiado profundo para no cortar la tusa/centro). Hay que tener cuidado y nunca hacerlo hacia uno, sino hacia afuera, alejándose del cuerpo.
    • El maíz que venden en EE.UU. y en Europa suele ser más dulce (y con más agua) que el que venden en América Latina. Consideren esto a la hora de endulzar.
    • Si no consiguen maíz fresco (o les da flojera toda la preparación), pueden usar maíz enlatado, aunque el sabor y la textura cambian bastante. Al menos en Venezuela, hay dos presentaciones: el maíz de grano entero y la crema de maíz. Si compran el primero, escúrranlo bien y pásenlo por la licuadora brevemente (dándole toques, pero que quede con un poco de textura).
    • Una vez desgranado el maíz, ponerlo en la licuadora junto con la crema de leche (para que no resulte difícil licuar el maíz porque está muy seco) y licuarlo hasta conseguir una pasta gruesa (a mí me gusta con textura, pero se puede licuar por completo si no quieren sentir los grumos). Agregarle la mantequilla, el azúcar y los huevos y mezclar bien (en este punto pueden probar si la mezcla está lo suficientemente dulce, o puede llevar un poco más de azúcar).
    • Incorporar la taza de harina y el polvo de hornear (el vaso de mi licuadora es bastante grande y puedo revolver todo ahí, pero si ven que la cosa está estrecha, pasen la mezcla a un bol y luego echen la harina, revuelvan bien y finalmente agreguen el queso rallado (y el chile en rodajas, si quieren darle el toque picante).
    • Verter toda la mezcla en un pyrex engrasado de 9x9" / 23x23 cm y cocinar en el horno precalentado a 350ºF/180ºC por 40-60 min, hasta que el centro esté firme y el tope se dore.

    Variaciones
    • En lugar de maíz, se puede hacer con calabacín (zucchini) rallado, pero en ese caso se debe poner un poco más de harina y de azúcar hasta conseguir la consistencia de torta y el dulzor que se desee.

    Nota extra

    • Si están haciendo esta receta con el maíz que les sobró de los tamales regios (en cuyo caso estarían usando 6-8 mazorcas), pueden desgranar todo el maíz, usar sólo la mitad para un pastel y congelar el resto.